
Sin embargo, fue imposible hacerlo durante más tiempo. Porque los azulgranas salieron como un bólido en la segunda mitad, y desplegaron su mejor fútbol de la mano de una gran Iniesta, que lograba salir de la presión con una calidad impresionante. Apareció por fin Messi, para encumbrar a Casillas con un gran disparo que atajó con maestría el capitán madridista y una asistencia a Pedro tras dejar atrás a varios defensas, pero el gol del canterano fue anulado por fuera de juego. En plena avalancha culé, como siempre y como ante Robben en la final del Mundial, apareció el Santo. Sacó dos manos prodigiosas, una a Pedro y otra a Iniesta, la segunda más impresionante que la primera. De las mejores paradas que he visto. Parecía que el gol del Barça iba a llegar de un momento a otro, pero en una contra Di María, que perdió ochenta mil balones, tuvo la mayor ocasión para los blancos en toda la segunda parte con un trallazo que paró Pinto casi en la escuadra. Terminaron así los noventa reglamentarios, con una parte para cada uno, y con la sensación de que el Madrid estaba cansado y el Barça, fresco como una lechuga. Aún así pudo llevarse el trofeo el conjunto blanco de no ser por la gran parada del portero gaditano. Entonces llegó la Prórroga. Y el éxtasis.
Los nervios a flor de piel. Mestalla era un clamor, y el pub donde vi el partido, una caldera. El Barça siguió empeñado en su estilo, y el Madrid en pararlo e ir a la contra. Pep cambió a Villa, inexistente en todo el encuentro, y sacó a Ibrahim Afellay. Adebayor (que jugó un gran papel dando mucho trabajo a Piqué) ya había entrado por Özil y más tarde lo haría Granero por Khedira. Con más tensión y nervios que ocasiones, Cristiano llegó con una portentosa carrera a un gran pase de Xabi Alonso, mandando el balón fuera, rozando el palo. Primer aviso, pero no sería el último. Porque el astro portugués despertó en el momento más importante, y antes de que terminara la primera parte de la Prórroga, Di María logró sacarse un centro maravilloso tras una gran pared con Marcelo (ayer confirmó que es uno de los mejores laterales izquierdos del mundo) para que CR7 clavara un cabezazo imparable para Pinto. Un cabezazo que valió la Copa del Rey después de 18 años, que rompió la sequía blanca de tres años sin títulos, que elevó a José Mourinho por encima de toda crítica y que logró acabar, por primera vez, con el Barça de Guardiola, probablemente el mejor equipo de la historia del fútbol.
David Orenes Almira____________@david_lrl
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