domingo, 26 de mayo de 2013

La final de Arjen

Siempre lo digo, y por eso en esta ocasión no pecaré de oportunista, pues he estado convencido desde que jugó con el Real Madrid aquellas dos temporadas, que ha sido uno de los mejores jugadores de la última década y que las lesiones y la mala suerte le han privado de un más que merecido Balón de Oro. Arjen Robben es buenísimo, a la altura de Cristiano Ronaldo y Messi, y ya sé que muchos diréis que hablo de él como si fuera Zidane o Maradona, pero es que hay muy pocos jugadores tan desequilibrantes como él, tan capaces de ganar partidos a base de una jugada estratosférica de las suyas. Lástima que su fútbol no se haya visto recompensado de la forma en la que siempre lo ha merecido. Hasta ayer.

Robben ha ganado muchos títulos como jugador del PSV, del Chelsea, del Real Madrid y del Bayern. En todos ellos fue determinante para su consecución, a pesar de jugar una cantidad de partidos por debajo de lo habitual. La culpa: las constantes lesiones que ha arrastrado durante toda su carrera. En su primera temporada en el PSV sólo disputó 23 partidos, con el Chelsea se fracturó dos huesos metatarsianos del pie derecho que sólo le permitieron jugar 18 partidos en su primera temporada de "blue" -en los que marcó, eso sí, 7 goles-. Otra lesión en el menisco lateral de su rodilla izquierda le dejó fuera los terrenos de juego en gran parte de la temporada 06/07. A pesar de ello, el Real Madrid se gastó 35 millones en su fichaje en el verano siguiente, ganando un jugador extraordinario que se convirtió en el mejor jugador del club blanco aquellas temporadas -junto a Gonzalo Higuaín- pese a disputar, otra vez por lesiones, sólo el 60% del total de posibles partidos. Su promedio de lesiones en el club blanco fue de una cada cinco jornadas. Entre lesión y lesión, demostraba que estaba a la altura de Messi, que en ese momento capitaneaba al Barça que conseguiría el sextete.

Florentino llegó con un proyecto millonario bajo el brazo y Robben era transferible dados sus problemas físicos. Se marchó al Bayern, donde realizó su mejor temporada a nivel anotador -16 dianas- pese a jugar sólo 24 partidos. Fue a partir de esa temporada cuando comenzó para él una maldición que le estaría persiguiendo tres años. Hasta ayer.

El Bayern cuajó una gran temporada 09/10, ganando la Bundesliga y la Copa de Alemania con notable protagonismo de Robben. Quedaba el broche de oro en la final de Champions frente al Inter, final a la que se llegó de la mano del holandés, que marcó los goles decisivos frente a United y Lyon. Sin embargo, el Bayern perdería la final contra el equipo de Mourinho con dos goles de Diego Milito. Era el principio del fin.

Ese mismo verano, Robben jugaría la final de la Copa del Mundo. El rival, España. El crack holandés tuvo el triunfo para su selección en dos mano a mano con Iker Casillas, ambos desbaratados por el portero madridista. Probablemente, la única posibilidad de ganar el mejor título del mundo se difuminaba ante sus ojos a tres minutos de concluir la prórroga, cuando Iniesta remataba a la red el único tanto del partido. Robben había perdido dos finales en apenas mes y medio.

La siguiente temporada sería un desastre. Robben sólo pudo jugar 14 partidos con el Bayern -no debutó hasta enero- por problemas en el tendón. Su equipo quedaría en blanco ante el incontestable dominio del Borussia Dortmund. El año siguiente parecía más esperanzador: las opciones de conseguir el triplete a falta de pocos días para el final de temporada eran muy elevadas. Pero el Bayern, con Robben como protagonista, lo tiró todo por la borda: perdió 5-2 en la Copa Alemana (vs Dortmund), perdió la Bundesliga fallando Robben un penalti en el partido decisivo (vs Dortmund) y perdió la final de la Champions -otra vez- fallando Robben un penalti en la prórroga (vs Chelsea). Fueron, casi con total seguridad, los peores días del jugador holandés en toda su carrera.

Lo bueno -o lo malo, según como se mire- es que el destino que te depara el fútbol es muy caprichoso. Puedes estar coronándote en la cima y despeñarte contra las rocas en menos de un segundo, o estar desahuciado y conseguir el mayor título a nivel de clubes. Siendo protagonista absoluto. Eso le pasó a Robben en una temporada que nunca olvidará. Una temporada en la que sólo ha disputado 16 partidos, en la que las lesiones otra vez le apartaron de ser titular, una temporada en la que los rumores sobre su marcha a final de temporada estaban más que justificados. Sin embargo, por una vez, una lesión -esta vez de un compañero- le abriría la puerta del mayor éxito de todos. Kroos se retiraba del terreno de juego en la primera parte de los cuartos de final de Champions frente a la Juventus. Su lugar lo ocupaba el holandés, que agarró el balón y protagonizó las mejores jugadas del encuentro para los bávaros. Su participación resultó decisiva en esa eliminatoria, y en la siguiente frente al Barça, donde anotó dos goles y volvió loco a los azulgranas en cada internada por banda. Como siempre, Robben volvía en plan crack. Como si todo lo que había pasado en los últimos tres años se hubiera quedado en el olvido para la posteridad.

El Bayern ganaba la Bundesliga con la mayor suficiencia de toda su historia. La final de Copa Alemana la disputarán la semana que viene frente al Sttutgart, pero la gran cita era ayer en el estadio de Wembley. Era la tercera final de Champions a la que llegaba el Bayern en los últimos cuatro años. Y era la quinta final de Robben tras perder dos continentales y la Copa alemana con el Bayern, y la final del Mundial con Holanda. Robben, como en anteriores finales, volvería a ser protagonista. El holandés tuvo hasta tres ocasiones de gol en la primera parte, de nuevo en dos de ellas tuvo al portero delante y fue incapaz de materializar. De nuevo la llamada "maldición de Robben" se ceñía sobre su cabeza. Pero aquella vez la historia cambió completamente. Asistió a Mandzukic en el primer gol de su equipo, y en el minuto 89, cuando ya se estaba pensando en la prórroga, Robben cazaba un balón dentro del área y lo cruzaba sutilmente ante la salida de Weidenfeller. El esférico entró lento, sigiloso, como todo el tiempo que tardó Robben en conseguir su reconocimiento.




Sonó el silbato y todas las cámaras enfocaron al holandés, que gritaba como loco arrodillado en el césped de la catedral del fútbol. 281 partidos e innumerables lesiones después, Robben consiguió la Champions League, su Champions League. Porque aunque el Bayern se alzó con la quinta Copa de Europa de su historia, recuperó el dominio alemán que poseía el Dortmund y proclamaba a los cuatro vientos que era el mejor equipo del mundo, el partido que se disputó ayer en Wembley fue la final de Arjen. Y de nadie más.

@david_lrl


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