miércoles, 9 de mayo de 2012

Europa es de Falcao

¿Puede un jugador marcar la diferencia entre ganar una final y perderla? Desde luego que sí. Un equipo gana campeonatos porque todos los jugadores han contribuido para ello - casi sin excepción - pero en un partido único que decide la consecución de un título, la distancia a la que estás de la Copa radica en el hecho de que tengas un jugador que rompa un encuentro. Y Radamel Falcao, además de ser un jugador de campeonato, es un jugador que rompe encuentros. Y a base de bien.

Sólo se puede explicar de esta forma que el colombiano destrozara al Athletic de Bielsa con dos golazos impresionantes que se inventó él solito. El primero, en el minuto dos, requiere de una puntería inapelable: se encuentra dentro del área ante tres defensores, y sin posibilidad de pase a un compañero, busca ángulo de disparo y chuta con la izquierda a la escuadra de Iraizoz. Imparable. Era el primer golpe nada más comenzar el encuentro, un gol que dio alas al Atlético y la posesión a un Athletic que nunca estuvo cómodo. Nunca.

El segundo tanto tiene dos colaboradores circunstanciales: Amorebieta y su garrafal error al perder un balón tan cerca del área; y Arda Turan, que da el pase hacia el colombiano, el encargado de firmar el resto de la obra maestra: detiene el balón, le hace un recorte con el tacón a Aurtenetxe y define de nuevo con la izquierda. Todo dentro del área. Dos zarpazos de un tigre que estuvo absolutamente indomable, colosal.

Porque Falcao no sólo marcó esos dos golazos. Mientras el Athetic buscaba el gol renunciando a su filosofía y agarrándose a los rechaces que provocaban sus centros (los cuales nunca llegaban a Llorente), en el otro lado del campo Falcao se buscaba la vida y castigaba los errores de una defensa vasca que estuvo francamente desastrosa. Remató todo lo que le llegó - y lo que no le llegó -, condujo las contras, luchó todos los balones y estuvo a punto de hacer el tercero tras deshacerse de dos rivales y pegar el balón al palo derecho de Gorka Iraizoz.

No pretendo con este ensalzamiento hacia la figura del partido menospreciar el trabajo del resto de los jugadores atléticos: todos estaron impecables. Desde Courtois (la parada a Susaeta fue milagrosa) hasta Adrián, pasando por el golazo de Diego y el trabajo incansable de Mario Suárez, el Atlético de Madrid es justo campeón de la Europa League. Porque con esta victoria ya van doce consecutivas, porque el entramado defensivo implantado por Diego Simeone ha neutralizado por completo el, muchas veces, enorme juego del Athletic; y porque el Atlético posee un jugador que ha marcado doce goles en esta competición, treinta en dos temporadas en Europa League, 35 esta temporada entre Liga y Europa League. Quizás el enfrentamiento entre los dos equipos españoles era un duelo igualado, pero sin duda la balanza se ha decantado para el cuadro colchonero por dos simples razones: porque al Athletic se le apagó la bombilla en el partido más decisivo de la temporada; y porque el equipo bilbaíno, a pesar de tener jugadores inmensos por los que suspira media Europa, no tiene un Falcao. Un jugador que, como llevo diciendo desde hace un tiempo, es uno de los tres mejores delanteros en la actualidad. Un delantero que debería aspirar, al menos, al Balón de Bronce.

Esta es la Europa League de Radamel Falcao, el jugador que costó 40 millones, que vino para intentar suplir a Forlán y que ha hecho olvidar de una tacada al uruguayo y al propio "Kun" Agüero, un ariete que debería jugar la Champions y no una competición que se le queda pequeñísima. Hoy el Atlético volvió a renacer en Europa, porque Europa se rinde a los pies de Radamel Falcao.

David Orenes - david_lrl

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